jueves, 15 de marzo de 2012

El origen del último diez mil

Obs: Se trata de un relato ficticio cualquier parecido con la realidad queda a criterio de quien lee

Si existe algo que caracteriza a las familias de clase media asuncena es la racionalización cuasi extrema del dinero a ser utilizado, como por lo general los "jefes", es decir mama y papa, no son precisamente dueños de empresas, diplomáticos, sojeros o ganaderos, el ingreso no es el más alto que digamos. En la ya prácticamente extinta clase media (media estúpida como diría Mafalda) de mi país, el mayor logro es concluir satisfactoriamente los estudios universitarios, que llegue el día en que el "magnífico" Rector mueva la cuerdita de la toga que cubre tu cabeza y tener después de años de sacrificio e "inversión" (que yo prefiero catalogarlo como pérdida) ese pedazo de cartón que se supone será el pase directo a una vida colmada de éxitos y logros profesionales. Para que este anhelado día llegue, es necesario someterse a un par, mejor dicho, a varias privaciones, sin llegar al extremo de vivir como de forma miserable, aclaro, pero sin darse los "gustos" de los mas pudientes, como viajes, autos lujosos, ropas caras, salidas a los restaurantes todos los fines de semana, ser socios de clubes sociales de alcurnia comprarse joyas o algo que los tecnocratas del Banco Central "supongan" que todos los habitantes de la Provincia del Paraguay disfrutan todos los días (en especial los que perciben salario mínimo, si tranquilo! jeje), en fin, a consecuencia de esto es un pecado imperdonable y porque no decirlo mortal, el hecho de pedir, o como se dice en estas latitudes "pechear" plata, ya desde chicos tratan de hacernos saber y sobre todo comprender que no habrán dosis del vil metal para boludeces, solo para lo necesario (comida, pagar facturas, el colegio, etc), todo lo que salga de esa línea trazada imaginariamente será considerado como "gasto al pedo", es por eso que de infante los primeros pecheos a mi viejo para caramelos o bombitas en las fiestas de fin de año si no me eran negados rotundamente a pesar de los llantos falsos con gritos y zapateos incluidos (que generalmente eran suprimidos a base de un buen cintarazo o chicotazo con alguna rama del patio), eran concedidos muy a duras penas, como los intentos de la selección paraguaya por pasar los octavos de final en algún mundial de fútbol.
La frase que siempre retumbará en mi mente y creo yo estará grabada en mi subconsciente es "mi último (insertar suma de dinero)", acorde al pasar los años esa cantidad iba en aumento, así al comienzo era:

_Papa, dame plata...

_(suspiro largo), ¿Para qué piko mi hijo?

_Ahí pasa el señor que vende helados (demás esta decir que el sonido de la armónica del heladero que anunciaba su llegada a la cuadra me erizaba la piel de tanta alegría)

_Helado ya otra vez?! Hmm, eso lo que te va a hacer bien a vos (irónicamente), hace poco estuviste mal de tu garganta nde mita'i, mira que no tenemos plata para salir corriendo a la madrugada porque te sentís mal...

_Dale na, dale na, dale na (gesto parecido al de Kiko cuando insitía a Doña Florinda)

_Bueno toma, pero acordate que este es mi último mil....

Y venía el sermón luego de la entrega, que la situación no era de las mejores, que pobre de mi si después me enfermaba, que ya me había advertido (te dije bien yo), todas las artimañas y la artillería pesada para hacerme sentir culpable de desangrarle los bolsillos a mi progenitor, cosa que no me importaba al saborear entre lenguetazos y mordidas el helado "Yelito" de dulce de leche, frutilla o crema americana que sabía a triunfo. Y así fue evolucionando hasta que años después el monto llegó a diez mil, y sigue...ahora es cien mil, si lector, le sigo pidiendo dinero a mis padres, es que no quiero abandonar por completo el noble oficio de ser parásito, a todo esto, supongo que ser "arrimado" me gusta por el simple hecho que supone un empleo de artimañas parecidas a las que usaba de niño para conseguir comprar un helado, un caramelo, una paleta o un chupetín con chicle, lo cierto es que al escribir estas líneas aparecen muchas preguntas: ¿Entenderé algún día la austeridad de mis viejos? Como diría Renato Russo en su recordada canción: "Vos decís que tus papas no entienden, pero VOS no entendes a tus papas", mientras tanto muchos ya me recomendaron un buen psicoanálisis, pero consulté con varios y cobran un ojo de la cara, psst! prefiero gastar lo poco que gano y buitreo en libros, discos, puchos y comida chatarra, lo demás es "gasto al pedo", creo....

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