Como olvidar los carteles que anunciaban el menú del bar más tradicional de Barrio Jara, símbolo de la esquina de la Calle Uruguay (Av. Gral Santos) y San Antonio, es precisamente en el comienzo de esa arteria que se erige el bar que lleva su nombre: San Antonio, que según el testimonio de mis padres comenzó a funcionar a comienzos de la década del 60', época en la que aún subsistían los famosos cines de barrio y justamente su estratégica ubicación a metros del recordado Cine Mariscal López lo convertía en destino obligado para calmar el hambre y la sed de los que salían al término de la función, gracias a los poderosos sándwiches de milanesa, especialidad de la casa, hasta hoy.
Regenteado en sus comienzos por el incansable Pedro Chamorro, conocido como "Don Chamorro", en compañía de su esposa Doña Martina (Ña Martí) fue esta última quien tomó las riendas del establecimiento a causa de la enfermedad y posterior fallecimiento de su fundador. Mi padre recuerda que el mayor atractivo del bar San Antonio para los mita'i de aquel entonces era su condición de ser el primer lugar con televisión en la cuadra, una horda de niños traviesos llenos de entusiasmo por ver "Dactari" "Bonanza" o "Don Gato y su pandilla" se colgaban del tejido metálico que hacía las veces de muralla para ver la programación vespertina del único canal de televisión que existía en el Paraguay.
Una leyenda urbana atribuye a Don Chamorro la invención de la palabra "Bossa Nova" para denominar así al sándwich de huevos duros y tomate que venía entre dos panes para hamburguesa, otra de las tantas especialidades de la casa. La jocosa historia cuenta que un equipo de básquet proveniente de Brasil vino a estas tierras con motivo de un enfrentamiento amistoso contra el Club Libertad, luego del partido, algunos integrantes del plantel visitante, movidos por un voraz apetito, recalaron en el bar y pidieron un sándwich de lomito, el dueño (que oficiaba al mismo tiempo de mozo y cocinero) se percató de que no contaba más con los cortes de carne e ingeniosamente se dispuso a preparar un tentempié con los elementos que tenía a mano: Huevos duros, tomates y un poco de mayonesa, sorpresivamente esto terminó gustando a los brasileños, tanto así que uno preguntó a Don Chamorro el nombre de ese exquisito sándwich, este, sin saber la respuesta recordó que durante la ingesta uno de los jugadores exclamó "isto é uma cosa nova" (en evidente alusión a lo que estaba comiendo, según dicen, particularmente me extraña que en Brasil no conozcan un sándwich de tomate y huevo) y con la misma creatividad con la que elaboró el emparedado dijo sin titubear el nombre con el que después bautizó a su "invención": "Bossa Nova". ¿Será que Tom Jobim se enteró de esto y luego llamó de la misma forma a su nuevo género musical? Quien sabe, lo cierto es que cada vez que escucho "Garota de Ipanema" inconscientemente abro la heladera y ya saben lo que me preparo, no hace falta que les repita.
Algo curioso y que me llama la atención es que la descendencia de Don Chamorro, luego del fallecimiento de su papa, acompañando a su madre a llevar adelante el bar, montaron sus respectivos negocios al lado, así Pedrito abrió su tienda de repuestos de automóviles y María Ana la peluquería "Genesis", otra curiosidad es que todos los establecimientos están pintados del mismo color, celeste, cuando era chico y en plena edad del "por qué" pregunté a mi mama "¿Por qué esta gente pinta todo de celeste?", no se si mi vieja dijo esto para zafar o porque en realidad era así: "Pasa que la señora y todos ellos son liberales fanáticos", puede ser, lo cierto es que los primeros recuerdos que tengo de ese emblemático lugar son los sabrosos pollos a las brazas siempre presentes en la mesa dominical, recuerdo esos enormes pollos soltando grasa acompañados de suaves trozos de mandioca, tan tiernos que se deshacían en la boca de uno, ciertamente una vez que María Ana estaba cortandome el pelo, me tomé el atrevimiento de preguntar cuál era la fórmula secreta de ese manjar de dioses, a lo que ella me contestó: "es un secreto de familia". Y la verdad que humildemente puedo decir que jamás probé un pollo más delicioso, a veces comprábamos de "La Paraguayita", supuestamente la mejor parrillada de Asunción y no le llegaba ni a los talones (ni a las alas, mejor dicho) y mucho menos los del supermercado, es una lástima que hoy en día ya no los hagan, pero su sabor todavía aparece cada vez que cierro los ojos y me transporto a los domingos soleados de 1998, en los que me levantaba temprano para almorzar y estaba toda la familia reunida.
El Bar San Antonio subsiste hasta hoy, con la misma estructura de hace 5 décadas, con las paredes pintadas del mismo color, con su característico olor a carne frita y humo de leña que alguna vez quedó impregnado en mi ropa y hoy se mantiene en mi memoria. Los Chamorro a pesar de la adversidad son personas trabajadoras, sacrificadas y sobretodo con un gran corazón, el corazón de un lugar que se resiste a morir, que estará anclado por siempre en esa esquina, no será un restaurante fino de cinco estrellas, pero es parte de la historia de un barrio rico en historias, por el momento seguirán las minutas a toda hora, con la radio a pilas de Ña Martí de fondo, transmitiendo un partido de su querido Libertad o una Bossa Nova, quien sabe....
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