martes, 20 de marzo de 2012

Nordeste, tierra de nadie...

Existen realizaciones cinematográficas que antes de apuntar al lucro y a las ventas masivas desnudan realidades que muchos no quieren ver, hace poco me tocó asistir a una charla muy instructiva sobre la historia de las relaciones diplomáticas en el mundo en los últimos doscientos años, en esta no estuvo ausente un tema recurrente, mejor dicho, obligado y preocupante a la vez: la desigualdad social en América Latina, el expositor Marcelo Saija, diplomático italiano dijo una frase que se me quedó guardada, tomando como ejemplo a nuestro vecino Brasil, devenido en sexta potencia mundial actualmente: "Así como existe un Brasil con B mayúscula, también existe un Brasil con b minúscula, ¿que quiero decir con esto?, que al mismo tiempo que es notorio el desarrollo de este país emergente, existe un gran porcentaje de personas sumidas en la miseria", lo mismo pasa con nuestro otro país vecino Argentina, tan ligado a Paraguay por razones culturales y por la inmigración de compatriotas que buscan mejorar de su situación económica en esas tierras.

 En Nordeste, filme de Juan Solanas  (considerado su obra maestra), el objetivo central es mostrar de forma cruda y sin tapujos la otra Argentina, la olvidada, la que adolece de problemas que llevan décadas sin resolverse, como el tráfico de niños, espina dorsal de esta película que también hace las veces de documental, considerada por los críticos como una verdadera joya por ser la primera en tratar una realidad lacerante que sigue golpeando a la sociedad de esta región tan similar a nuestro país tanto en la geografía como en el habla de sus pobladores.
Todo comienza con la venida de Helene (Carole Bouquet) a la capital bonaerense, se trata de una mujer francesa, exitosa y soltera, movida por el deseo de adoptar un hijo que aparentemente por razones biológicas le fue negado, al mismo tiempo aparece en escena Juana (Aymará Rovera), una humilde mujer formoseña, madre soltera que sobrevive en un precario rancho a las afueras de la ciudad.

Helene es notificada en Buenos Aires de unas supuestas irregularidades en la adopción, por lo tanto emprende viaje hacia el nordeste por recomendación de un hombre inescrupuloso, supuestamente conocedor de dicho proceso. Mientras tanto la vida de Juana se vuelve cada vez más caótica: recibe una orden de desalojo por parte de un latifundista que adquirió las tierras donde se encontraba asentada y al mismo tiempo queda embarazada de su pareja de turno, aquejada por problemas económicos y a la vez preocupada por el futuro de su único hijo expuesto a la delincuencia y la marginalidad decide pedir ayuda a Helene, a quien impactan las grandes injusticias propias de la región, como la impunidad, el incumplimiento de la leyes y por supuesto el tráfico de bebes, algo que descubre ya hacia el final por intermedio de una monja española que es un evidente homenaje a la hermana Marta Pelloni, recordada por ser la encargada de desmantelar una poderosa mafia de traficantes en la ciudad de Goya, Provincia de Corrientes, tristemente célebre por ser conocida en los años noventa como la "capital del tráfico de niños", esto último bajo la complicidad de abogados, magistrados y médicos.
Particularmente esta película provocó en mí una extraña mezcla de sensaciones, por un lado me hizo recordar de la primera vez que recorrí esa mágica región, en una escena es perfectamente capturado el momento  en que una densa neblina cubre los palmares al amanecer. Tuve el privilegio de ver ese maravilloso espectáculo y también al igual que Helene pude darme cuenta del gran contraste entre la belleza del sitio y la miseria reinante, que no dista mucho de nuestra realidad, es más, el nordeste argentino es la vía de entrada a el Paraguay y muchos dicen que nuestro país y esta región son en la práctica "la misma cosa", algo que no está muy apartado de la realidad.

El espectador puede ver las mismas heridas que nos agobian: el problema de tierras, la falta de educación, la corrupción en las instituciones públicas y la ley del más fuerte que impera sobre el uso de la razón. Así entonces hay mas de una razón para ver y sobretodo emocionarse con este filme, que es, por sobre todo, una gran llamada de atención, puede alquilarse en World DVD (Juan de Salazar 995 c/ Padre Cardozo) Teléfonos: 208 118 - 0991 801 581

viernes, 16 de marzo de 2012

El bar de la esquina...

"Pollo listo para llevar con ensalada" "Minutas a toda hora" "Empanadas Ña Martí" "Sándwich Bossa Nova"

Como olvidar los carteles que anunciaban el menú del bar más tradicional de Barrio Jara, símbolo de la esquina de la Calle Uruguay (Av. Gral Santos) y San Antonio, es precisamente en el comienzo de esa arteria que se erige el bar que lleva su nombre: San Antonio, que según el testimonio de mis padres comenzó a funcionar a comienzos de la década del 60', época en la que aún subsistían los famosos cines de barrio y justamente su estratégica ubicación a metros del recordado Cine Mariscal López lo convertía en destino obligado para calmar el hambre y la sed de los que salían al término de la función, gracias a los poderosos sándwiches de milanesa, especialidad de la casa, hasta hoy.

Regenteado en sus comienzos por el incansable Pedro Chamorro, conocido como "Don Chamorro", en compañía de su esposa Doña Martina (Ña Martí) fue esta última quien tomó las riendas del establecimiento a causa de la enfermedad y posterior fallecimiento de su fundador. Mi padre recuerda que el mayor atractivo del bar San Antonio para los mita'i de aquel entonces era su condición de ser el primer lugar con televisión en la cuadra, una horda de niños traviesos llenos de entusiasmo por ver "Dactari" "Bonanza" o "Don Gato y su pandilla" se colgaban del tejido metálico que hacía las veces de muralla para ver la programación vespertina del único canal de televisión que existía en el Paraguay.

Una leyenda urbana atribuye a Don Chamorro la invención de la palabra "Bossa Nova" para denominar así al sándwich de huevos duros y tomate que venía entre dos panes para hamburguesa, otra de las tantas especialidades de la casa. La jocosa historia cuenta que un equipo de básquet proveniente de Brasil vino a estas tierras con motivo de un enfrentamiento amistoso contra el Club Libertad, luego del partido, algunos integrantes del plantel visitante, movidos por un voraz apetito, recalaron en el bar y pidieron un sándwich de lomito, el dueño (que oficiaba al mismo tiempo de mozo y cocinero) se percató de que no contaba más con los cortes de carne e ingeniosamente se dispuso a preparar un tentempié con los elementos que tenía a mano: Huevos duros, tomates y un poco de mayonesa, sorpresivamente esto terminó gustando a los brasileños, tanto así que uno preguntó a Don Chamorro el nombre de ese exquisito sándwich, este, sin saber la respuesta recordó que durante la ingesta uno de los jugadores exclamó "isto é uma cosa nova" (en evidente alusión a lo que estaba comiendo, según dicen, particularmente me extraña que en Brasil no conozcan un sándwich de tomate y huevo) y con la misma creatividad con la que elaboró el emparedado dijo sin titubear el nombre con el que después bautizó a su "invención": "Bossa Nova". ¿Será que Tom Jobim se enteró de esto y luego llamó de la misma forma a su nuevo género musical? Quien sabe, lo cierto es que cada vez que escucho "Garota de Ipanema" inconscientemente abro la heladera y ya saben lo que me preparo, no hace falta que les repita.

Algo curioso y que me llama la atención es que la descendencia de Don Chamorro, luego del fallecimiento de su papa, acompañando a su madre a llevar adelante el bar, montaron sus respectivos negocios al lado, así Pedrito abrió su tienda de repuestos de automóviles y María Ana la peluquería "Genesis", otra curiosidad es que todos los establecimientos están pintados del mismo color, celeste, cuando era chico y en plena edad del "por qué" pregunté a mi mama "¿Por qué esta gente pinta todo de celeste?", no se si mi vieja dijo esto para zafar o porque en realidad era así: "Pasa que la señora y todos ellos son liberales fanáticos", puede ser, lo cierto es que los primeros recuerdos que tengo de ese emblemático lugar son los sabrosos pollos a las brazas siempre presentes en la mesa dominical, recuerdo esos enormes pollos soltando grasa acompañados de suaves trozos de mandioca, tan tiernos que se deshacían en la boca de uno, ciertamente una vez que María Ana estaba cortandome el pelo, me tomé el atrevimiento de preguntar cuál era la fórmula secreta de ese manjar de dioses, a lo que ella me contestó: "es un secreto de familia". Y la verdad que humildemente puedo decir que jamás probé un pollo más delicioso, a veces comprábamos de "La Paraguayita", supuestamente la mejor parrillada de Asunción y no le llegaba ni a los talones (ni a las alas, mejor dicho) y mucho menos los del supermercado, es una lástima que hoy en día ya no los hagan, pero su sabor todavía aparece cada vez que cierro los ojos y me transporto a los domingos soleados de 1998, en los que me levantaba temprano para almorzar y estaba toda la familia reunida.

El Bar San Antonio subsiste hasta hoy, con la misma estructura de hace 5 décadas, con las paredes pintadas del mismo color, con su característico olor a carne frita y humo de leña que alguna vez quedó impregnado en mi ropa y hoy se mantiene en mi memoria. Los Chamorro a pesar de la adversidad son personas trabajadoras, sacrificadas y sobretodo con un gran corazón, el corazón de un lugar que se resiste a morir, que estará anclado por siempre en esa esquina, no será un restaurante fino de cinco estrellas, pero es parte de la historia de un barrio rico en historias, por el momento seguirán las minutas a toda hora, con la radio a pilas de Ña Martí de fondo, transmitiendo un partido de su querido Libertad o una Bossa Nova, quien sabe....

La City

Sacado directamente de la parte de atrás de un cuaderno universitario que jamas sirvió para tomar apuntes de alguna materia...


La City

Noche kaigué en la city, salgo del laburo a caminar por la city
Hambre y pan en la city, gases tóxicos, almas en crisis
Nubes grises, cortina de humo de la city
Transpiro como loco en la city, el tufo del asfalto, el hormigón y las bicis
Todo era lindo en la city, hasta que llegó el viento de piscis
Supuran las llagas, las llagas de la sífilis
Miseria y poder en la city
El niño mendigo eructa su hambre en la city.

Yo me siento perdido, encontrado, barrido, embarrado, en las zanjas infelices
En las risas grabadas, de la city
Deposito mis desechos en las cloacas de la city
Deposito mi futuro en los gruesos labios 
Que me mojan, como el raudal olor a carne podrida, de la city



jueves, 15 de marzo de 2012

El origen del último diez mil

Obs: Se trata de un relato ficticio cualquier parecido con la realidad queda a criterio de quien lee

Si existe algo que caracteriza a las familias de clase media asuncena es la racionalización cuasi extrema del dinero a ser utilizado, como por lo general los "jefes", es decir mama y papa, no son precisamente dueños de empresas, diplomáticos, sojeros o ganaderos, el ingreso no es el más alto que digamos. En la ya prácticamente extinta clase media (media estúpida como diría Mafalda) de mi país, el mayor logro es concluir satisfactoriamente los estudios universitarios, que llegue el día en que el "magnífico" Rector mueva la cuerdita de la toga que cubre tu cabeza y tener después de años de sacrificio e "inversión" (que yo prefiero catalogarlo como pérdida) ese pedazo de cartón que se supone será el pase directo a una vida colmada de éxitos y logros profesionales. Para que este anhelado día llegue, es necesario someterse a un par, mejor dicho, a varias privaciones, sin llegar al extremo de vivir como de forma miserable, aclaro, pero sin darse los "gustos" de los mas pudientes, como viajes, autos lujosos, ropas caras, salidas a los restaurantes todos los fines de semana, ser socios de clubes sociales de alcurnia comprarse joyas o algo que los tecnocratas del Banco Central "supongan" que todos los habitantes de la Provincia del Paraguay disfrutan todos los días (en especial los que perciben salario mínimo, si tranquilo! jeje), en fin, a consecuencia de esto es un pecado imperdonable y porque no decirlo mortal, el hecho de pedir, o como se dice en estas latitudes "pechear" plata, ya desde chicos tratan de hacernos saber y sobre todo comprender que no habrán dosis del vil metal para boludeces, solo para lo necesario (comida, pagar facturas, el colegio, etc), todo lo que salga de esa línea trazada imaginariamente será considerado como "gasto al pedo", es por eso que de infante los primeros pecheos a mi viejo para caramelos o bombitas en las fiestas de fin de año si no me eran negados rotundamente a pesar de los llantos falsos con gritos y zapateos incluidos (que generalmente eran suprimidos a base de un buen cintarazo o chicotazo con alguna rama del patio), eran concedidos muy a duras penas, como los intentos de la selección paraguaya por pasar los octavos de final en algún mundial de fútbol.
La frase que siempre retumbará en mi mente y creo yo estará grabada en mi subconsciente es "mi último (insertar suma de dinero)", acorde al pasar los años esa cantidad iba en aumento, así al comienzo era:

_Papa, dame plata...

_(suspiro largo), ¿Para qué piko mi hijo?

_Ahí pasa el señor que vende helados (demás esta decir que el sonido de la armónica del heladero que anunciaba su llegada a la cuadra me erizaba la piel de tanta alegría)

_Helado ya otra vez?! Hmm, eso lo que te va a hacer bien a vos (irónicamente), hace poco estuviste mal de tu garganta nde mita'i, mira que no tenemos plata para salir corriendo a la madrugada porque te sentís mal...

_Dale na, dale na, dale na (gesto parecido al de Kiko cuando insitía a Doña Florinda)

_Bueno toma, pero acordate que este es mi último mil....

Y venía el sermón luego de la entrega, que la situación no era de las mejores, que pobre de mi si después me enfermaba, que ya me había advertido (te dije bien yo), todas las artimañas y la artillería pesada para hacerme sentir culpable de desangrarle los bolsillos a mi progenitor, cosa que no me importaba al saborear entre lenguetazos y mordidas el helado "Yelito" de dulce de leche, frutilla o crema americana que sabía a triunfo. Y así fue evolucionando hasta que años después el monto llegó a diez mil, y sigue...ahora es cien mil, si lector, le sigo pidiendo dinero a mis padres, es que no quiero abandonar por completo el noble oficio de ser parásito, a todo esto, supongo que ser "arrimado" me gusta por el simple hecho que supone un empleo de artimañas parecidas a las que usaba de niño para conseguir comprar un helado, un caramelo, una paleta o un chupetín con chicle, lo cierto es que al escribir estas líneas aparecen muchas preguntas: ¿Entenderé algún día la austeridad de mis viejos? Como diría Renato Russo en su recordada canción: "Vos decís que tus papas no entienden, pero VOS no entendes a tus papas", mientras tanto muchos ya me recomendaron un buen psicoanálisis, pero consulté con varios y cobran un ojo de la cara, psst! prefiero gastar lo poco que gano y buitreo en libros, discos, puchos y comida chatarra, lo demás es "gasto al pedo", creo....